En muchos productos industriales, su acabado visual marca definitivamente la diferencia entre productos similares, ya que el valor percibido de un producto se define en gran medida por sus detalles de acabado. La presencia de un logotipo nítido, una marca grabada en relieve o un esquema de color perfecto sobre un componente metálico o plástico no solo cumple una función de identificación de marca, sino que comunica de inmediato calidad, durabilidad e ingeniería de precisión. Un logotipo, una marca, una referencia grabada o una cavidad mecanizada rellena de pintura pueden convertir una pieza técnica en una pieza reconocible, diferenciada y con una imagen mucho más cuidada que además le otorga prestigio. Sin embargo, lograr ese resultado de forma repetitiva, limpia y rentable no siempre es sencillo.

Cuando hablamos de rellenar cavidades con una cantidad volumétrica exacta de pintura líquida en un relieve previamente mecanizado por CNC, grabado por láser o estampado, rellenando por completo logotipos, anagramas, textos o detalles decorativos sobre metal, plástico u otros materiales, no basta con verter pintura, el proceso requiere controlar la cantidad de material, la mezcla, el tiempo de aplicación, la viscosidad, el curado, la limpieza y la repetibilidad para así garantizar que la capa de color resista las agresiones mecánicas, los rayos UV, los agentes químicos y el paso del tiempo. Si además trabajamos con pinturas bicomponentes, es decir, con una base de pintura y un endurecedor o catalizador, el control del proceso se vuelve todavía más importante.

Relleno con pintura blanca de un logotipo mecanizado mediante aguja de dosificación de precisión.

¿QUÉ ES UNA PINTURA BICOMPONENTE (2K) Y POR QUÉ ES IMPRESCINDIBLE?

A diferencia de las pinturas convencionales de base agua o disolvente que se secan por simple evaporación en contacto con el aire, las pinturas bicomponentes funcionan mediante una reacción química controlada.

Este tipo de sistemas consta de dos elementos claramente diferenciados que deben mantenerse completamente separados hasta el instante preciso de la aplicación:

  • Componente A (Pintura / Base): Contiene la resina principal (generalmente poliuretano, epoxi o acrílica), los pigmentos que aportan el color y los aditivos de reología.
  • Componente B (Endurecedor / Catalizador): Es el reactivo químico (frecuentemente isocianatos en poliuretanos o aminas en epoxis) que interactúa con la resina del Componente A para iniciar el proceso de polimerización o curado.

Para que la pintura cure correctamente y adquiera sus propiedades mecánicas óptimas, los componentes A y B deben unirse en una proporción matemática estrictamente exacta, conocida como la relación de mezcla. Esta puede expresarse en volumen o en peso (por ejemplo, 100:25 o 4:1). Cualquier desviación en esta relación provocará que la pintura quede permanentemente blanda, quebradiza o que sufra pérdidas severas de adherencia.

Para ahondar un poco más en este punto de vital importancia, si por ejemplo hay demasiado catalizador, demasiado poco, o si la mezcla no es homogénea, el resultado puede ser irregular. Puede haber zonas que no curen bien, diferencias de brillo, problemas de adherencia, burbujas, exceso de material o defectos visuales. Por eso, los sistemas de dosificación y mezcla 2K están diseñados para medir y combinar los dos componentes en proporciones controladas antes de aplicarlos.

Superado el escollo de la mezcla, una vez que el Componente A y el Componente B entran en contacto y se homogenizan, comienza a correr el llamado Pot Life (tiempo de vida de la mezcla). Este es el intervalo de tiempo durante el cual la viscosidad de la mezcla se mantiene lo suficientemente baja como para permitir su dosificación sin obstruir las boquillas. Pasado este tiempo, el producto se solidifica por completo, convirtiéndose en un polímero de altísima resistencia.

Materiales bicomponentes habituales en este proceso

  • Pinturas epoxídicas 2K: alta resistencia química y excelente adherencia a metales.
  • Pinturas de poliuretano alifático 2K: mejor resistencia a los rayos UV y mayor flexibilidad.
  • MMA (metacrilato de metilo) bicomponente: curado muy rápido, ideal para cadencias altas.
  • Resinas híbridas epoxi-poliuretano: combinan las ventajas de ambas familias.

La elección del material depende del sustrato (aluminio, acero, plástico técnico), del entorno de uso (interior, exterior, temperaturas extremas, contacto químico) y de los requisitos de color y brillo.

EL RETO: RELLENAR CAVIDADES, NO PINTAR UNA SUPERFICIE PLANA

Rellenar una cavidad mecanizada con pintura no es lo mismo que pintar una superficie con pistola, rodillo o tampografía. En este caso, la pintura debe entrar en una geometría concreta: un logotipo fresado, una letra, un símbolo, una ranura o una zona rebajada.

Esto obliga a controlar varios factores al mismo tiempo.

Primero, la dosificación.

Si se aplica poca pintura, la cavidad queda incompleta, con zonas hundidas o con falta de cobertura. Si se aplica demasiada, la pintura rebosa, mancha la pieza y obliga a hacer retrabajos de limpieza. En piezas de alto valor, un exceso de pintura puede convertir una operación sencilla en una fuente importante de costes.

Segundo, la precisión de posicionamiento.

La punta de dosificación debe colocarse en el punto correcto y seguir el recorrido adecuado. En logotipos complejos, letras pequeñas o geometrías con curvas, esta precisión es clave.

Tercero, la repetibilidad.

Una pieza bien hecha no es suficiente. En producción industrial, el objetivo es que la primera, la número cien y la número diez mil tengan el mismo aspecto.

Cuarto, la mezcla.

Al tratarse de pintura bicomponente, no solo importa dónde se aplica, sino también cómo se mezclan la pintura y el endurecedor. Una mezcla incorrecta puede generar problemas que tal vez no se vean de inmediato, pero sí durante el curado o durante el uso posterior de la pieza.

LOS PROBLEMAS INDUSTRIALES QUE SOLUCIONAMOS

Definitivamente cualquier responsable de producción o calidad que haya intentado rellenar logotipos mediante métodos tradicionales conoce perfectamente los dolores de cabeza crónicos que este proceso puede generar.

A continuación, detallamos cómo con nuestra tecnología erradicamos estos problemas de raíz:

A. El «Efecto Tiza» o Curado Incompleto (Zonas Blandas)

Días después de la aplicación, el logotipo relleno sigue estando pastoso en el fondo o se raya con el simple paso de una uña. Esto sucede porque la mezcla manual previa no fue homogénea o la bomba dosificadora pulsó más pintura que catalizador en momentos puntuales.

La solución: El guiado mediante bombas de desplazamiento positivo (como sistemas de cavidad progresiva o engranajes sincronizados) junto con el mezclador dinámico garantiza que cada microgota de mezcla mantenga la estequiometría perfecta de la fórmula química de principio a fin del turno.

B. El Goteo Crítico y la Formación de Hilos («Stringing»)

Imaginemos un llenado de letras. Al terminar de rellenar una letra grabado en una moldura de aluminio y desplazarse hacia la siguiente letra, la aguja arrastra un fino hilo de pintura que cae sobre la superficie pulida de la pieza mecanizada, arruinándola por completo y exigiendo un costoso reproceso manual.

La solución: Los controladores automáticos incorporan una función avanzada de succión inversa o retracción (snuff-back). Al finalizar la trayectoria exacta de dosificación, el motor invierte instantáneamente su giro una fracción de milímetro, absorbiendo el menisco de pintura hacia el interior de la aguja. Esto corta el flujo de forma limpia y tajante, posibilitando un desplazamiento limpio del robot a alta velocidad sin una sola gota perdida.

C. Grietas por Contracción durante el Secado

 A medida que la pintura se seca, disminuye su volumen, provocando tensiones internas que cuartean el logotipo o hacen que la pintura se despegue de las esquinas del mecanizado.

La solución: Al aplicar pintura bicomponente con alto contenido de sólidos (o 100% de materia activa) dosificada volumétricamente con precisión, el porcentaje de evaporación de volátiles es mínimo. La pintura polimeriza manteniendo exactamente el mismo volumen molecular que cuando fue depositada, garantizando un llenado robusto y duradero sin tensiones internas.

DOS NIVELES DE SOLUCIÓN: SISTEMA MANUAL Y SISTEMA AUTOMÁTICO

En DOSIFIT diferenciamos claramente entre dos enfoques de trabajo: el sistema manual y el sistema automático.

Ambos pueden ser válidos, pero no responden a la misma necesidad productiva ni ofrecen el mismo nivel de control.

El sistema manual está orientado a bajas producciones, prototipos, series cortas o piezas donde se requiere flexibilidad. Es una solución más sencilla, más económica y muy útil cuando el volumen de producción no justifica una automatización completa.

El sistema automático, en cambio, está pensado para producciones más elevadas, piezas repetitivas, exigencias de calidad constantes y procesos donde interesa reducir al máximo la dependencia del operario. En este caso, lo más correcto no es simplemente conectar una jeringa con mezcla ya preparada a un robot, sino utilizar un sistema bicomponente 2K completo.

Esta diferencia es importante, porque cada solución tiene su lógica, sus ventajas y sus límites.

Equipo de dosificación digital Techcon TS350 con control por pedal y pantalla integrada

SISTEMA MANUAL TIEMPO-PRESIÓN

En el sistema manual, la dosificación se realiza normalmente mediante un equipo de tiempo-presión con controlador analógico o digital.

Esto significa que el sistema aplica una presión determinada durante un tiempo determinado. La combinación de estos dos parámetros permite controlar, de forma aproximada, la cantidad de pintura que sale por la aguja.

El accionamiento puede hacerse de dos maneras principales. Una opción es mediante un pedal neumático, que permite al operario activar la dosificación con el pie mientras mantiene las manos libres para sujetar y posicionar la jeringa. La otra opción es mediante un botón integrado en la propia jeringa o en el aplicador, lo que facilita una maniobra más directa desde la mano.

Este tipo de sistema es muy útil y suficientemente eficaz para bajas producciones. Sin embargo, conviene entender bien sus límites.

En un sistema manual tiempo-presión, la habilidad del operador es fundamental. El equipo puede controlar presión y tiempo, pero el movimiento, la posición de la aguja, la velocidad de avance, la inclinación y la forma de acompañar el llenado dependen directamente de la persona que realiza la operación.

Por eso, en este tipo de aplicaciones, la experiencia del operario tiene un peso muy importante en el resultado final.

Un operario con buena mano puede conseguir acabados muy limpios. Puede interpretar visualmente si la cavidad está llenando bien, si falta material, si la pintura está corriendo correctamente o si conviene detener la aplicación. Pero esa misma dependencia humana también implica variabilidad. Diferentes operarios pueden obtener resultados distintos. Incluso el mismo operario puede variar el resultado según la fatiga, el ritmo de trabajo o pequeñas diferencias en la pintura.

La importancia de la viscosidad en el sistema manual.

En el sistema manual, es especialmente recomendable trabajar con mezclas de baja viscosidad.

Cuando la pintura fluye bien, el proceso resulta mucho más controlable. El operario puede depositar el material en un punto de la cavidad y la pintura tiende a repartirse por su interior. Esto ayuda a conseguir un llenado uniforme y reduce la necesidad de “perseguir” toda la geometría con la aguja.

En cambio, cuando la pintura tiene una viscosidad alta, el proceso se vuelve mucho más difícil. La pintura no corre con facilidad, puede quedarse acumulada alrededor de la zona de aplicación y obliga al operario a trabajar de forma más precisa, lenta y cuidadosa. En geometrías pequeñas, letras estrechas o cavidades con ángulos, una viscosidad elevada puede convertir el proceso en una operación muy compleja.

Por este motivo, antes de definir el equipo, es recomendable hacer pruebas con la pintura real, la geometría real y las condiciones reales de trabajo. La combinación entre material, aguja, presión, tiempo y técnica de aplicación es la que determina si el proceso será estable o problemático.

En muchos casos, el éxito del sistema manual no depende únicamente del dosificador, sino de que el conjunto esté bien ajustado.

Ventajas del sistema manual

El sistema manual ofrece varias ventajas claras.

  • Es una solución fácil de implementar, fácil de entender y rápida de poner en marcha.
  • Inversión contenida. Para producciones bajas, no siempre tiene sentido instalar una célula automática. Un sistema manual permite mejorar el proceso sin asumir una inversión elevada.
  • Capacidad de validación. Muchas empresas utilizan primero un sistema manual para comprobar si la pintura funciona, si la cavidad se llena correctamente, qué aguja es la más adecuada y qué parámetros aproximados son necesarios. Una vez validado el proceso, se puede estudiar una automatización posterior.

Ahora bien, el sistema manual no debe venderse como una solución de máxima repetibilidad. Es una solución eficaz, pero sigue dependiendo del operador. Por eso es ideal para bajas producciones, pero no siempre es la mejor opción cuando se necesitan grandes volúmenes o tolerancias visuales muy estrictas.

Mezclador dinámico de jeringas para dosificación de fluidos técnicos

El mixer dinámico como accesorio recomendado

En aplicaciones bicomponentes, la homogeneidad de la mezcla es esencial.

Por este motivo, el mixer dinámico es un accesorio muy recomendable sobre todo en la opción manual. No siempre es estrictamente imprescindible, pero aporta una ventaja importante: ayuda a garantizar que la pintura y el catalizador se mezclen de forma más uniforme.

Una mezcla homogénea facilita un curado más regular, reduce diferencias de acabado y mejora la estabilidad del proceso. Esto es especialmente relevante cuando se trabaja con pigmentos, cargas, materiales con diferente viscosidad o aplicaciones donde el resultado visual es muy exigente.

En el sistema manual, donde normalmente se puede trabajar con una mezcla ya preparada en jeringa, el mixer dinámico ayuda a asegurar que esa mezcla llegue al punto de aplicación con una calidad más constante.

El objetivo no es complicar el proceso, sino reducir riesgos. Cuando una pintura bicomponente no está bien mezclada, los problemas pueden aparecer después: zonas que no endurecen correctamente, diferencias de brillo, falta de resistencia o defectos visuales. El mezclado correcto es una de las bases para que el resultado final sea fiable.

Sistema automático de dosificación con robot cartesiano para el llenado de cavidades mecanizadas con pintura.

SISTEMA AUTOMÁTICO: ¿CUÁNDO ELEGIR UN SISTEMA 1K Y CUÁNDO ELEGIR UN SISTEMA 2K?

La elección entre un sistema con tan solo un dosificador monocomponente y un sistema compuesto por un dosificador bicomponente  dependerá de la aplicación concreta.

El sistema 1K es una buena opción cuando la mezcla puede prepararse previamente, el pot-life es suficiente, la producción no es muy elevada y no se necesita modificar el ratio de mezcla durante el proceso. Es una solución sencilla, práctica y válida para muchas aplicaciones de llenado de cavidades.

El sistema 2K es más recomendable cuando se busca un control superior del ratio de mezcla, mayor repetibilidad, menor dependencia de la preparación manual. También es la mejor opción cuando se trabaja con materiales más sensibles, producciones más exigentes o procesos donde interesa reducir al máximo los riesgos asociados a la mezcla previa.

En resumen, el sistema 1K permite dosificar una mezcla ya preparada. El sistema 2K permite controlar la mezcla durante el propio proceso.

Ambos sistemas son válidos. La diferencia está en el nivel de control, precisión y flexibilidad que necesitamos para cada aplicación y esto es lo que vamos a comentar a continuación.

Sistema 1K: mezcla preparada y dosificación controlada

El sistema 1K es una solución válida y muy utilizada para el llenado de cavidades mecanizadas con pintura bicomponente, especialmente cuando el proceso no requiere modificar el ratio de mezcla durante la producción o cuando el pot-life del material permite trabajar con margen suficiente.

En este tipo de sistema, la pintura y el endurecedor o catalizador se mezclan previamente. Una vez realizada la mezcla, esta se carga en una jeringa o en un depósito presurizado, desde donde se alimenta el sistema de dosificación, que ya puede ser con dosificador de aguja o bien una bomba dosificadora de cavidad progresiva. A partir de ese momento, la mezcla ya está activada químicamente, por lo que es importante conectar el sistema rápidamente y trabajar siempre dentro del tiempo de vida útil del material.

Este punto es importante. En una pintura bicomponente, una vez mezclados los dos componentes, la reacción empieza. Con el paso del tiempo, la viscosidad puede cambiar y el comportamiento de la pintura también. Si el material empieza a espesarse, el llenado de la cavidad puede volverse más difícil, especialmente en logotipos, letras o detalles mecanizados de poca anchura.

Por eso, en un sistema 1K es fundamental preparar solo la cantidad necesaria, organizar bien el proceso y evitar tiempos muertos entre la preparación de la mezcla y la aplicación.

Como hemos dicho la dosificación en un sistema 1K puede realizarse mediante una válvula de aguja o mediante una bomba de cavidad progresiva. La válvula de aguja es una solución sencilla, funcional y adecuada para muchas aplicaciones. Permite abrir y cerrar el paso del fluido de forma controlada y puede alcanzar precisiones aproximadas de entre el 90% al 95%, siempre que la pintura tenga un comportamiento estable y el proceso esté bien ajustado.

La bomba de cavidad progresiva, en cambio, ofrece un nivel de precisión superior. Al tratarse de una dosificación volumétrica, permite controlar mejor la cantidad de material aplicado y puede alcanzar precisiones cercanas al 99%. Esta opción es especialmente recomendable cuando la cavidad es crítica, cuando el acabado visual es exigente o cuando se busca una mayor repetibilidad entre piezas.

El sistema 1K, por tanto, es una solución práctica, sencilla y eficaz. Su principal ventaja es que permite trabajar con una instalación menos compleja que un sistema 2K, manteniendo un buen control de la aplicación. Su principal limitación es que la mezcla se realiza antes de dosificar, por lo que el ratio entre pintura y catalizador depende de la preparación previa y no puede corregirse durante el proceso.

Por este motivo, el sistema 1K funciona muy bien cuando la mezcla está bien definida, el pot-life es suficiente y la producción permite trabajar con material previamente preparado.

Esquema de sistema 2K para dosificación de pintura bicomponente con robot cartesiano, depósitos presurizados y mezclador estático.

Sistema 2K: control preciso del ratio de mezcla

El sistema 2K representa una solución más avanzada cuando se necesita un mayor control de la mezcla, especialmente en aplicaciones donde la proporción entre pintura y catalizador debe mantenerse con mucha precisión.

A diferencia del sistema 1K, en un sistema 2K la pintura y el catalizador no se mezclan previamente en una misma jeringa o depósito. Cada componente se mantiene separado hasta prácticamente el momento de la aplicación. Para ello, el sistema puede alimentarse mediante dos depósitos presurizados independientes o mediante dos jeringas individuales, una para cada fluido.

La gran ventaja del sistema 2K es que cada componente se dosifica mediante su propia bomba de cavidad progresiva. Cada bomba dispone de un controlador independiente, lo que permite ajustar el régimen de vueltas de cada una y, por tanto, regular el caudal de pintura y de catalizador de forma precisa.

Gracias a este control individual, el ratio de mezcla no depende de una preparación manual previa ni de una mezcla hecha “a ojo”. El equipo permite definir la proporción entre los dos componentes de manera mucho más acurada. Si necesitamos modificar el ratio, podemos hacerlo ajustando los parámetros de cada bomba.

Este punto es especialmente importante cuando se trabaja con diferentes pinturas, catalizadores, colores o condiciones de proceso. También resulta muy útil cuando se necesita afinar el comportamiento de curado, la fluidez de la mezcla o la estabilidad del acabado final.

En un sistema 2K, los dos componentes avanzan por circuitos separados hasta llegar a un manyfold. En este punto, los flujos de pintura y catalizador se unen. A la salida del manyfold se monta un mezclador estático, que se encarga de homogeneizar la mezcla antes de la aplicación.

El mezclador estático no tiene partes móviles. Su geometría interna obliga a los materiales a dividirse, recombinarse y mezclarse progresivamente mientras avanzan por su interior. De esta forma, la pintura y el catalizador llegan a la aguja de dosificación con una mezcla homogénea y preparada para ser aplicada en la cavidad.

Después del mezclador estático se instala la aguja adecuada para la aplicación. La elección de esta aguja es importante, ya que debe adaptarse a la geometría de la cavidad, al ancho del logotipo, a la profundidad del mecanizado, a la viscosidad de la mezcla y al volumen de material que se necesita depositar.

El sistema 2K ofrece una ventaja clara frente al 1K: la mezcla se produce justo antes de la aplicación. Esto reduce los problemas asociados al pot-life, porque no tenemos todo el volumen de pintura y catalizador mezclado desde el inicio. Además, permite trabajar de forma más limpia, precisa y repetible.

Por este motivo, el sistema 2K es especialmente recomendable cuando se busca controlar el ratio de mezcla con mayor exactitud, reducir la dependencia de la preparación manual y mejorar la estabilidad del proceso.

Robot cartesiano Techcon serie TSR2000 para dosificación automática de fluidos en 3 o 4 ejes, sobre mesa de trabajo 300 × 300 mm.

Robot cartesiano: automatización del movimiento y repetibilidad del proceso

Cuando el proceso se automatiza, tanto un sistema 1K como un sistema 2K pueden integrarse con un robot cartesiano. Es el elemento que permite automatizar el movimiento de aplicación, independientemente de si la pintura llega ya mezclada en un sistema 1K o si se mezcla justo antes de la aplicación en un sistema 2K.

El robot cartesiano se encarga de posicionar la aguja sobre la pieza y seguir la trayectoria programada. Controla la velocidad de avance, la altura de trabajo, los puntos de inicio y final, los cambios de dirección y las zonas donde conviene adaptar el movimiento para favorecer el llenado de la cavidad.

Esto es especialmente importante en logotipos, letras, símbolos o geometrías mecanizadas con detalles pequeños. No todas las zonas de una cavidad se comportan igual. Puede haber radios, esquinas, zonas estrechas o cambios de sección donde la pintura necesita más tiempo para fluir correctamente.

Con un robot cartesiano, estos movimientos pueden programarse y repetirse siempre de la misma manera. Esto permite reducir la variabilidad del proceso, mejorar la uniformidad entre piezas y disminuir la dependencia de la habilidad manual del operario.

En una solución automática 1K, el robot trabaja con una mezcla ya preparada, alimentada desde una jeringa o un depósito presurizado. La dosificación puede realizarse mediante una válvula de aguja o una bomba de cavidad progresiva, mientras el robot ejecuta la trayectoria de llenado.

En una solución automática 2K, el robot realiza exactamente la misma función de movimiento, pero la mezcla entre pintura y catalizador se controla mediante el sistema 2K, con las dos bombas de cavidad progresiva, el manyfold, el mezclador estático y la aguja final.

En ambos casos, la clave está en la coordinación entre el movimiento del robot y la dosificación del fluido. El robot no debe entenderse simplemente como un soporte que mueve una aguja, sino como una parte esencial del proceso. Su trabajo es asegurar que la pintura se deposite en el punto correcto, a la velocidad adecuada y siguiendo la geometría de la cavidad.

Cuando esta coordinación está bien ajustada, se consigue un llenado más limpio, más uniforme y mucho más repetible. Por eso, la automatización con robot cartesiano es una opción muy recomendable cuando se trabaja con producciones repetitivas, piezas de valor añadido o acabados visuales exigentes.

Depósito presurizado con liner de aluminio para dosificación de fluidos agresivos en laboratorio

Depósitos presurizados y uso de liners

Cuando se utilizan depósitos presurizados, es muy recomendable montar liners como accesorio. Los liners son bolsas de aluminio que se colocan en el interior del depósito. El fluido se introduce dentro del liner, de modo que no queda en contacto directo con las paredes internas del depósito.

Esta solución aporta varias ventajas. La primera es la limpieza. Al finalizar el proceso, el liner se retira y se desecha, evitando que el depósito quede impregnado de pintura o catalizador. La segunda es la rapidez de cambio, ya que se reduce el tiempo dedicado a limpiar el interior del depósito. La tercera es la seguridad del proceso, porque se minimiza el riesgo de contaminación entre materiales o colores.

En aplicaciones con pinturas bicomponentes, donde la limpieza y la estabilidad del proceso son importantes, el uso de liners ayuda a mantener una instalación más limpia, ordenada y fiable.

¿Necesitas apoyo en la configuración correcta de tu sistema de dosificación de pintura bicomponente?
Podemos ayudarte a seleccionar todos los accesorios más adecuados para tu proceso.